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Llegó el fin de semestre y las expectativas sobre el futuro de la economía siguen siendo inciertas. Hasta hoy, con lo que se cuenta es que el pronóstico de crecimiento del Banco de Guatemala (Ban-guat) apunta a que la producción del país crecerá entre el 1% y 2%.
Hay quienes califican de demasiado optimistas los cálculos del Banco Central. Sin embargo, en su de-fensa, la entidad explica que el pronóstico no refleja más que la percepción de los agentes económicos sobre sus actividades a futuro.
Tal es así que, en agosto, tras la encuesta entre 1,400 empresarios decidirán si se ajusta la proyec-ción. Algunos analistas opinan que ya estamos en terreno recesivo. Es probable que si se hiciera una medición trimestral del Producto Interno Bruto (PIB), como se había anunciado que ocurriría durante este año, las cifras confirmarían esas percepciones.
El panorama no es alentador, visto desde fuera de las empresas, pues ante el decrecimiento en el ingreso de divisas por las exportaciones, remesas, turismo, e inversiones, se infiere que la situación está mal. Además, es muy probable que en cada familia haya por lo menos una persona que perdió su empleo en la actual coyuntura (lea: Actitud pasiva).
Pero quienes están acostumbrados a hacer negocios tienen esa facilidad de ver las oportunidades y de no perder el ánimo ante la adversidad, lo que quizá sea una de sus razones de éxito. Y por eso es que aún se prevé que no entremos en recesión.
Salvación estatal
A principios de año, el Gobierno intentó jugar un papel de salvador de la economía, como ha sucedido en otras naciones. La receta: El Plan Nacional de Emergencia y Recuperación Económica. Sin embargo, para emular las acciones que en otros países han dado resultado se necesita de muchos millones y de un equipo calificado, así como un programa de inversión bien estructurado para ejecutarlas.
Estos recursos no sólo son escasos, sino que nos ponen en aprietos, pues hemos visto cómo se ha incrementado el endeudamiento interno y externo. La cuenta saldrá cara en el largo plazo. Aunque haya personal calificado, pocas existencias, por cierto, los puestos de dirección ya están copados por amigos, familiares o allegados políticos. Estos son sólo dos tropiezos que limitan el avance hacia la recuperación.
Además, inciertos también son los resultados del Plan. En la revisión de resultados del primer tri-mestre de ejecución no se evidenciaron avances sustanciales. En ese contexto, causa incomodidad y hasta furia en otros, la intención que está promoviendo la Comisión de Finanzas del Congreso, de ampliar a Q3 mil millones la emisión adicional de Bonos del Tesoro para el presente ejercicio.
Lo que sí es cierto es que en el mediano plazo habrá que pagar la factura. El temor que ronda al endeudamiento es el destino de los fondos, pues si se trata de inversión productiva valdría la pena arriesgarse.
Sin embargo, es muy dudoso que los recursos cumplan ese objetivo. Ya el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi) anticipó la posibilidad de que se diera una rebeldía tributaria; es decir, la renuencia de los contribuyentes para pagar sus impuestos, tras la crisis política, ya desvanecida, que se generó tras la difusión del video de Rodrigo Rosenberg.
Un elemento que se suma a la larga lista de elementos que están llevándonos más a la recesión que a la producción es la reciente disposición presidencial de bloquear las fronteras con Honduras.
Pérdidas y agitación, que en nada contribuye al desarrollo de la actividad productiva, ni de la imagen del país en el extranjero. Pasan los días, pero no ocurre nada. No hay más inversión en infraestruc-tura, salud, educación, y, si la hay, es insuficiente para generar cambios estructurales.
Cuando se asome la recuperación, ya sea en 2010, 2011 o 2012, no estaremos preparados. No habrá recurso humano con la educación suficiente para atender la demanda laboral. No habrá mar-cos jurídicos que promuevan el desarrollo individual y productivo. No tendremos la infraestructura necesaria para que transiten grandes volúmenes de carga. Si la crisis nos tomó por sorpresa, es se-guro que la recuperación también nos cogerá desprevenidos.
ACTITUD PASIVA
Se ha conocido que los pocos inversionistas que cuentan con capital están aprovechando la tempo-rada de ofertas para comprar compañías o repotenciar las ya existentes.
Sin embargo, en el país, atraer esos flujos de capital no es prioritario. Hace poco el director del Programa Nacional para la Competitividad (Pronacom) indicó que se recortó el presupuesto a la agencia que se encarga de promocionar el país en el extranjero.
Se recortaron $1.7 millones para atraer inversiones ¡que fácilmente pueden superar los $100 millones! Cualquier persona, no necesariamente economista, se daría cuenta del costo-beneficio de esta inversión. ¿Será que no ha habido alguien que se los haga ver, o quienes tienen poder de decisión se niegan a escuchar?
*Periodista
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