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Funcionarios de al menos tres embajadas en Guatemala se han quejado de la “urgencia” que tiene el Gobierno para inaugurar obras financiadas por la comunidad internacional, pero que no han sido terminadas.
El problema, explican, radica en esa prisa por entregar proyectos inconclusos, en los cuales el cooperante cumplió con su parte, pero el Estado no, y aún así los inauguran. La situación “incomoda” a las misiones, pues son sus nombres los que aparecen en vallas como “proyecto financiado gracias al Gobierno de X o Y país”, en una obra que quedó a medias.
“Nosotros estamos cumpliendo a cabalidad con lo que nos compete, pero el Gobierno tiene atrasos o pendiente lo de ellos, y aún así quiere inaugurar cosas, y luego la gente dice que el Gobierno de tal país no hizo las cosas bien”, refiere la representante de una de las embajadas que enfrentan el problema.
“No se sabe cómo se va a operar, si va a ser inaugurado el proyecto por partes o... quizá va a ser así porque no está del todo termina-do”, menciona otro diplomático. Ante esto, los cooperantes sugieren que se optimicen los controles para determinar el tipo de ayuda que se brinda y el trabajo que realiza el Gobierno.
Por razones obvias, ninguno de ellos quiere ser identificado, ni que se nombre la misión a la que pertenece o especificaciones de las obras que realizan. Sin embargo, todo consta en conversaciones con reporteros de este matutino.
Selfina Mux Caná, subsecretaria de Cooperación Internacional de la Secretaría de Planificación y Programación de la Presiden-cia (Segeplán), explica que en ese sentido ninguna entidad internacional ha planteado quejas o comentarios. Es más, asegura que la relación con todos los cooperantes es cordial.
Más control
Con el propósito de enfatizar el tipo de ayuda que los miembros del cuerpo diplomático dan al país, en mayo recién pasado la Sege-plán presentó el Sistema de Información para el Seguimiento de la Cooperación Internacional, cuya herramienta principal es la base de Datos de la Asistencia para el Desarrollo (DAD, en inglés), en el cual todo movimiento de recursos de países donantes será regis-trado.
Con ello, además de controles, se determinarán los alcances y el grado de responsabilidad que tienen los colaboradores en los distintos programas, y de ello deducir dónde radica el compromiso que el Gobierno suscribe con ellos. Es decir, permite deducir las responsabilidades que cada uno tiene en los proyectos.
El detalle de los aportes (reembolsables y no reembolsables) al país podrá ser observado y rastreado en todo momento. En ese sistema se actualizará la información de los cooperantes, pudiéndose disponer de ella al ingresar por la página web de aquella Secretaría.
Aunque ya quedó instalada, la base de datos aún se encuentra en la fase de recibir información.
Xavier Michon, director de País del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), calcula que en tres meses, como máximo, estarán todos los datos de los países amigos que hacen donaciones (vea: Apoyo).
“Es una herramienta que se ha utilizado en 25 países, incluyendo Afganistán e Iraq. Es un asunto de transparencia sobre dónde están los rumbos, planes sectoriales y destino de fondos de los entes internacionales”, añade el funcionario del PNUD, ente que financió el proyecto con $200 mil (unos Q1.6 millones).
Seguimiento
En la base de datos se podrán generar reportes y visualizar los registros por montos, área geográfica de inversión, tipo de obra, ejecu-tor, entre otros rubros.“Los que trabajamos en cooperación tenemos necesidad de conocer lo que hace el Gobierno y nuestros cole-gas”, expresa Francisco Sancho, coordinador de la Oficina Técnica de Cooperación de la Embajada de España.
La subsecretaria Mux recalcó que en ocasiones el cooperante no se sentía satisfecho con lo que Segeplán tenía registrado, pe-ro se debía a que él mismo no había reportado todo lo que se donaba.
Además, hizo ver que entre las dificultades que atravesaban para una inversión real de los fondos externos, era la poca previ-sión de espacios presupuestarios, y no se podían usar los recursos aunque ya estuvieran disponibles.
Rafael Señán Llarena, encargado de negocios de la Delegación de la Comisión Europea en Guatemala, lo confirma. “A veces ocurre que los fondos de la comunidad ya están situados en el Banco de Guatemala; es decir, ya están disponibles y, sin embargo, no se pueden gastar, y a veces durante meses, porque no hay espacio presupuestario, porque no se había previsto gastar ese dinero”, expli-ca.
El diplomático admite que “a menudo” se presentan problemas, pero se van solventando a base de buena voluntad de las par-tes. Los proyectos, empero, se retrasan.
“Es importante que haya un mayor liderazgo por parte del Gobierno (...). Tampoco es conveniente permitir que cada uno que hace cooperación haga lo que quiere. A causa de eso, muchas veces ha ocurrido que en lugar de haber beneficio haya perjui-cio”, añadió Señán.
Los aportes
Entre los principales cooperantes del país se encuentran Holanda, Alemania, Noruega, Japón, República de China (Taiwán), España, Estados Unidos, Suecia y Canadá.
“Nuestro país tiene una fuerte tradición de cooperación con Guatemala. Llegamos con la idea de dar acompañamiento en el proceso de los Acuerdos de Paz, y ahora trabajamos para lograr que se dé una verdadera inclusión de los pueblos indígenas”, explica el embajador de Noruega, Lars Vaagen.
Vaagen también explica que aunque el apoyo de su nación no está condicionado a la política interna de Guatemala, sí considera que se necesita de una mayor continuidad en la agenda local para que los efectos de los programas sean más sensibles. Ello, según el diplomático, también aplica para los esfuerzos que Segeplán hace ahora con el DAD, ya que al hacer una recopilación de aportes y países cooperantes, la información debe mantenerse actualizada para un verdadero control.
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