Como un espejismo en medio del desierto, hace poco más de una semana varios organismos internacionales anunciaron que pondrían a disposición de las naciones miles de millones en recursos frescos para atender las necesidades de un entorno sediento de liquidez.
Para Latinoamérica y el Caribe, el ofrecimiento fue de $90 mil millones, por parte de varias entidades, entre ellas el Banco Mundial, Banco Centroamericano de Integración Económica, Banco Interamericano para el Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento.
También el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que pondría en la ventanilla de préstamos otros $250 mil millones para fortalecer las reservas de las naciones que integran el organismo. Así lo dio a conocer al cierre de su asamblea de primavera realizada el 25 y 26 de abril.
Como en cualquier otro mercado, en el que la innovación atiende las nuevas necesidades que surgen en la adversidad, el Fondo creó una nueva línea de créditos más flexibles y ha otorgado préstamos con carácter precautorio a varios países en el mundo, excepto Nicaragua, por ser un país altamente endeudado.
Poco a poco han ido fluyendo en el mundo una danza de millones y millones de dólares para reactivar la economía sin que, hasta el momento, haya una sensación generalizada de recuperación. Cada día hay nuevas revisiones de las proyecciones de crecimiento económico, las cuales cada vez son más negativas.
En el ámbito regional, el Consejo de Ministros de Finanzas de Centroamérica solicitó al FMI recientemente que dote de más recursos de apoyo presupuestario, pues los acuerdos standby con carácter precautorio sólo pueden ser utilizados para fortalecer las reservas de las naciones.
Pero las naciones del Istmo están resintiendo fuertes caídas en sus ingresos tributarios (debido a la disminución del consumo, la reducción en los precios de algunas materias primas, como el petróleo y el freno en el comercio exterior), por lo que están demandando más deuda soberana.
Esa irresponsabilidad de gastar más de lo que se tiene está poniendo en aprietos a los gobiernos, los cuales en lugar de hacer sacrificios reales y tangibles en gastos superfluos están optando por más deuda (lea: Buscar otras alternativas).
Sin duda, el efecto colateral será más presiones inflacionarias. El fantasma del alza en los precios que hoy duerme debido a la contracción económica mundial despertará cuando esa liquidez empiece a circular.
Empezar de nuevo
Y esto podría ser el inicio de un nuevo círculo vicioso, pues se creará una reactivación artificial del consumo, sin respaldo, como sucedió con la crisis hipotecaria en Estados Unidos.
Una crisis trae consigo otra crisis, quizá más grande o más pequeña, lo veremos, pero así es. Vale la pena recordar que la oferta de casas en Estados Unidos surgió tras los atentados terroristas del 11 de septiembre. Debido a que la economía estaba deprimida, las autoridades optaron por bajar las tasas de interés y promover el consumo, sin que fuera una situación natural o que tuviese el respaldo de un dinamismo económico.
El mercado inmobiliario ofrecía “gangas” que atrajeron a muchos compradores, la mayoría sin la suficiente solvencia para afrontar sus compromisos. La demanda de créditos para aprovechar las ofertas inmobiliarias hizo que las tasas de interés se elevaran. Conforme pasó el tiempo, las entidades empezaron a percibir el incumplimiento de pago de los deudores, quienes, aparte de no tener suficientes ingresos, veían cómo se elevaban los intereses. De ahí la historia es más conocida.
¿Acaso no queda otra opción más que endeudarse? La principal fórmula para reactivar la economía se está enfocando en grandes desembolsos de efectivo, ya sea para apalancar a compañías insolventes, y más recientemente con la llegada del presidente Barack Obama, Estados Unidos busca llegar más directo al bolsillo del consumidor, por medio de devolución de impuestos y facilidades de créditos para el consumo.
BUSCAR OTRAS BALTERNATIVAS
Sin duda hay muchos proyectos de creación de riqueza que se pueden financiar con las sendas cifras de capitales que se están moviendo en el mundo. Sin embargo, depende mucho de la responsabilidad con que se ejecuten los programas y de los artífices de los planes. Habrá que buscar entonces a los cerebros empresariales o tecnológicos, para crear incubadoras de proyectos que se puedan desarrollar. Y cuanto antes, mejor, para estar preparados cuando se asome la reactivación.
Otro de los problemas es que los fondos se otorgan, en su mayoría, a los gobiernos. Varias experiencias en Latinoamérica demuestran que la corrupción campea con total impunidad, por lo que no hay una absoluta certeza de que la deuda que los países están contrayendo se convierta en obras o proyectos tangibles que propicien el desarrollo económico, sobre todo de quienes se encuentran en una posición de mayor rezago.
*Periodista
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