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Guatemala, Sabado 13 de Marzo 2010 Imprimir artículo
 
     
   
    
     
   
     
 
Cuadrito Gris Perfiles 01-02-2009
 
  Miroslava Mendoza y los frutos de su cosecha  
   
  Desde hace 10 años vive en París. Allá entrena la voz a viejas y nuevas figuras de la música pop. Su rostro ya es conocido en la televisión francesa.  
     
  Jorge Sierra, Especial para Siglo 21 |  
     
 
“Realizar una carrera de cantante en París es difícil. El público francés es muy exigente. Están acostumbrados a lo mejor. Y los gus-tos cambian. Hubo un tiempo en que Céline Dion era la gran voz y muchos querían cantar como ella, pero ahora ya nadie la sopor-ta”. Ese es el panorama con el que a diario se enfrenta la cantante guatemalteca Miroslava Mendoza, hoy de 40 años de edad. Vive en la Ciudad Luz desde hace 10 años, y en todo ese tiempo ha puesto a prueba sus potenciales como cantante, pero sobre todo como profesora, entrenadora de voz y productora de discos. Y como si nada, ante tanta actividad, ya es toda una figura pública pari-sina, gracias a su participación en los shows televisivos: Popstars, Rock Around the Block, y en el Festival Eurovisión.
Por supuesto, este logro no ha sido gratuito. Mendoza ha tenido que sortear algunos inconvenientes, como romper ese estereotipo que en esos pagos hay de los latinos en el medio artístico (que son frívolos y engañosos), y de tener que adoptar otra actitud. “Yo no llegué con pretensiones y pienso que eso gustó. Me mostré como soy”. Y esa honestidad estaba respaldada por su hoja de vi-da, que incluye su participación en los coros de Bob Porter, en 1991, en el Festival OTI Guatemala; la grabación de su disco Hard beat; los estudios realizados en el Los Angeles Musician Institute, en Estados Unidos, y la aparición de su nombre en los créditos de los discos de Ricardo Arjona y Steve Vai, entre otros. Hoy, Mendoza está entre las entrenadoras vocales más buscadas, y es asistente de artistas renombrados y otros jóvenes en Francia, como Ricardo Cocciante, Najoua Belyzel, Natasha St. Pier, Jalane y Renaud, entre otros.

Vida en París
“París es una ciudad intimidante. La gente está acostumbrada a una life in the fast line, como dicen, y cada quien lleva su vida y cada quien ve cómo sale. Es una ciudad linda pero que también puede devorarlo a uno, si uno se deja”, dice Mendoza. Y para que a ella no la engullera, se dispuso a adoptar nuevos códigos y mostrar menos apocamiento o ese ser considerado de los otros antes de hablar, de actuar o de pensar típico del guatemalteco. En parte, gracias a esa modificación y cierta audacia se ganó derecho de piso. “Mi mayor satisfacción fue haber logrado un lugar, un nombre, un prestigio, en una ciudad tan fría y tan desconfiada. Bendito sea Dios por lo que pude obtener y que reafirmo a través de mi trabajo”, confiesa.
Cuando empezó a salir en televisión, fungiendo durante tres meses como crítico de la competencia de cantantes Popstars, llegó lo inesperado. Mendoza cuenta que al subir un día al bus, el piloto la vio sorprendido. La gente se le acercó para hablarle y le pidió au-tógrafos. Es decir, le llegó la popularidad. “Me sentía rara. Fue un poco como estar soñando algo que no era real. Y poco a poco me di cuenta de lo que pasaba”, reconoce.
En la actualidad guarda cierta distancia con la televisión, pese a que fue llamada para formar parte del jurado de American Idol, ver-sión francesa. Lo que sucede es que ahora Mendoza tiene otros proyectos en la mira. Bajo la productora Buenísima Music Publis-hing promueve discos (acaban de lanzar la grabación del adrenalínico grupo de pop-rock-electro Shaka Ponk); elabora música para cortometrajes, y produce jingles para las estaciones de radio satelital de Madonna, Coldplay y Beyoncé, de la famosa cadena Goom Radio. Algo que ya había hecho en el pasado en Guatemala, al grabar jingles publicitarios para marcas como Coca Cola, Nivea Lo-tion, Canada Dry, Chiclet’s Adams y Gallo Light.
Pero existe también otro gran centro de atención en su carrera. Su trabajo como entrenadora vocal. Mendoza es de las pocas lati-nas (contadas con las manos) certificadas con nivel alto de Speech Level Singing Technique, creada por Seth Rigg, el mismo en-trenador de Steve Wonder, Barbra Streisand y Natalie Cole, entre otras figuras. Según Mendoza, este método, que se traduce como Cantar con la comodidad con que uno habla, es producto de las observaciones que hizo Rigg. “Él empezó a estudiar dentro de la formación clásica en Nueva York. Pero la técnica es bastante opuesta a la creada por él. En lo clásico se hace muchísimo énfasis en el diafragma, en controlar, en pujar; hay ciertas cosas que ahora que ya se tienen los medios, se pueden conocer du-rante el momento de hablar y de cantar, y se ha descubierto que ese viejo método no es lo óptimo para conservar más sano y por más tiempo el aparato vocal. De seguir con ello, pueden crearse nódulos y problemas por los que han pasado muchos cantantes”, advierte.
Sea como sea, el método intenta conseguir un registro homogéneo, desde la primera nota más grave hasta la más aguda, sin esos passaggios, sin problemas en esa parte débil de los registros medios de las notas.

Una futura grabación
Mendoza concretó un primer disco en 1992, titulado Hard beat. Para entonces el disco era un cóctel de estilos, muy en la línea pop. Desde entonces no se ha tenido la oportunidad de conocerle otro disco, pero ésta ya se acerca. “Ahora me vino la propuesta directa de mi esposo y creo que eso es bueno”, dice. Y aclara: “No cantaré en francés, porque no es el idioma que yo pueda defender, más bien cantaré en inglés y en español. Para alcanzar a un público mayoritario tendré que hacer algo accesible, una fusión con toques de soul, pop, jazz, y con muchos instrumentos acústicos con toques de sonidos actuales, con temas míos. Románticos. Bueno, ten-go que incluir algo de funk (ríe)”.
Mendoza incluye como referentes vocales a Diane Schuur, Tania María y Kevin Lettau, de quienes tiene casi todos sus discos, pero igual hoy evalúa con mayor amplitud el trabajo de Ella Fitzgerald, “una cantante que es un ícono en todo sentido, por su carrera, por la época que logró sobresalir, por el color de su voz y por su musicalidad”, pero también reconoce la autenticidad en el trabajo de Carly Simon y Carole King, en particular por “su entrega y la escritura de sus canciones, que ya dicen mucho del artista”.
Después de graduarse de bachiller, Mendoza inició estudios en agronomía. Sin embargo, la música le corría por la sangre. “Para mí no fue difícil decidirme, pero para mis papás, sí. Sobre todo en Centroamérica, la música no es todavía una industria. Incluso, no ven la música con respeto como sucede en otros países, así que es muy difícil para los papás pensar que el hijo va a dedicarse a la mú-sica”.
A todo esto han pasado 20 años desde que lo decidió. Y se mantiene cerca de ese ambiente que le rodeó al inicio con sus visitas anuales al país y a la escucha que hace de los artistas nacionales. Al pedirle su diagnóstico en base al pulso que le ha tomado a la canción en Guatemala, dice: “Lento. Pero estoy conciente que no se dispone de los mismos medios que en los países desarrollados. La mentalidad también no es la misma, de cómo aprecian el arte. Entonces para los artistas es difícil. Y muchos tiran la toalla. Y en cuanto a calidad, pienso que falta la crítica. Por la cultura que tenemos, es difícil aceptar la crítica. Tal vez por lo mismo que se nos enseña a ser considerados con el otro, uno no expresa todo. Desgraciadamente eso puede volverse hipocresía. Es una pena que no haya más crítica como debe ser. Los artistas tienen que aprender a vivir con ella y a usarla. El arte es muy relativo, lo que puede ser hermosísimo para mí, puede ser horrible para la persona que está enfrente de mí. Y eso es lo bonito”.
Con esa ecuación de autenticidad, de espontaneidad, pero también de talento artístico y una amplia sonrisa es como Mendoza se ha abierto camino en París, esa famosa ciudad de poetas malditos, de luces, de barrios míticos, que nunca muere a los ojos humanos, y que es capaz de ahogar a todo aquél que se adentra en sus entrañas. Pero Mendoza, como ve, no se lo permitió.


EN POCAS PALABRAS
Lo que le hace esbozar una sonrisa:
“La autenticidad, la espontaneidad de un niño o una persona adulta que dice las cosas así de repente. Eso me encanta”.

¿Hace falta volver a la inocencia?
“Sí, pero va a ser difícil. Cada vez más la gente desconfía, se vuelve calculadora, pero esa inocencia del niño, por ejemplo, que actúa como él lo siente, se está perdiendo por miedo”.

¿La música será de ayuda en este caos social y mundial?
“Espero que sí. No lo puedo asegurar. Para mí es uno de los objetivos como artista, la de aportar esa ligereza que tanto necesitamos”.

Artistas descargados en el iPod:
“Saw Duft, Chaka Ponk, Christophe Maé, Alicia Keys, Mary J. Blige, que me gusta por su pasión, con una voz desgarrada e in-tensa; y Justin Timberlake. En realidad escucho estilos muy diversos: hip hop, rhythm and blues y jazz”.


CONSEJOS DE UNA MAESTRA
1 No pensar mucho en la respiración. Es importante, pero no tanto como lo hacen ver algunos profesores. La conse-cuencia directa de eso es que va a pujar una cantidad de aire muchísimo más alta que lo que las cuerdas vocales pue-dan resistir, y entonces va a llegar el momento en que esas cuerdas ya no podrán estar juntas y se empezarán a frotar, y en la desesperación ya no podrán mantener el sonido. Cuando eso es ya imposible se producen los llamados gallos o sea, un sonido desconectado. Las cuerdas vocales son capas, no cuerdas, capas de músculos que se mueven como olas que suben, se separan y se vuelven a unir. Entonces no poner atención a la respiración sino más bien a ciertos ejercicios que hay que aprender para entrenar las cuerdas vocales y los músculos próximos, y a tener un cierto balan-ce desde la nota más grave hasta la más aguda.

2 No creer que cantar más fuerte significa cantar mejor.

3 Poner atención a cómo se quiere que el público reciba el mensaje. Eso es muy importante. Para mí, ahí reside la diferencia entre un ídolo y alguien que sabe cantar. Hay grandes voces, pero siempre se van a quedar ahí, porque no nos comunican nada, sólo son grito, fuerza. El ídolo, en cambio, sabe cómo tocar, cómo llegar al corazón del público.
 
     
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