Puede causar confusión preguntarle a Héctor Hernández una descripción propia, porque respondería que es “un niño sordomudo en una silla de ruedas espiritual”, sin embargo, hablar sobre Hernández es hablar de un poeta que expande su obra por Latinoamérica. Ahora se encuentra en Guatemala para la presentación del libro A 1000 o la vida muerta, la cual se llevará a cabo mañana, a partir de las ocho de la noche, en el Café Bar Corralejos (19 calle 22-17, zona 10, a un costado de Pricemart). La admisión es libre.
¿Por qué la visita a Guatemala?
Guatemala ha sido un interesante misterio para mí, desde mis lecturas de Rusticatio, o los diálogos entre Asturias y Neruda, hasta las delirantes historias que me cuenta mi delirante amigo Alan Mills. Tengo muchos amigos poetas en la virtualidad y tenía que conocerlos en persona. Además, aquí comenzamos un itinerario centroamericano hasta Nicaragua.
¿Cuántos libros ha publicado?
Se han publicado alrededor de una docena de libros (poesía) en Chile, Perú, Brasil, Bolivia, Paraguay, México, y ahora se prepara un par de traducciones en EE.UU.
Sé que puede sonar como mucho siendo que aún no cumplo los 30 años, pero esos libros son la demostración de la vida y los diálogos que existen entre los poetas, y de algún modo me enorgullece poder viajar mucho por el continente y ser parte de esta hermosa utopía hecha realidad.
El que un periódico como El Mercurio, de Chile, publique una nota sobre tu trabajo ya es un reconocimiento. ¿O es algo sin importancia?
El fascismo siempre ha querido integrar lo nuevo que va apareciendo, o al menos a lo que le de continuidad, pues yo en varias partes he hablado sobre ellos y su dictadura de la comunicación cultural, incluidas censuras y omisiones. Ellos no son un reconocimiento sino una razón de duda y sospechas, pero para quienes leen, pues para uno es la prueba de que el fascismo necesita de su alteridad, de sus detractores.
Ha hecho varios ensayos y reseñas literarias, ¿eso quiere decir que es un crítico, o ensayista de libros que decidió hacerse poeta?
Desde que comencé a escribir poesía, a los 19 años, siempre pensé en que éramos una comunidad, una poética colectiva pero siempre heterógenea; entonces, además de autor, uno es lector de esas obras también, a las cuales admiro y creo merecen ser leídas desde nuevos ojos. Me interesa el cruce teórico de esas escrituras de hoy, que cada vez reinventan sus cánones locales o reescriben tradiciones y rupturas en toda Latinoamérica.
Links:
www.acheache.blogspot.com
www.letras.s5.com/archivohhernandez.htm
www.librosminimos.org
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